La trampa de evitar el malestar: Cómo recuperar tu libertad emocional

Las emociones son una parte fundamental de la experiencia humana. A lo largo de la vida, todos nos enfrentamos a sentimientos incómodos como el miedo, la tristeza, la ansiedad o la frustración. Sin embargo, en la sociedad actual existe una tendencia creciente a evitar estos estados emocionales a toda costa. Esto se traduce en una serie de decisiones tomadas con el único propósito de huir del malestar, lo que puede llevarnos a perder nuestra propia libertad.


En este artículo exploraremos por qué evitar los sentimientos negativos puede ser un obstáculo para vivir una vida auténtica y cómo aprender a abrazarlos puede otorgarnos mayor autonomía y bienestar.


La trampa de la evasión emocional

Tomar decisiones con el único propósito de evitar emociones incómodas puede parecer una estrategia efectiva a corto plazo, pero en realidad nos encierra en una prisión emocional. Por ejemplo, alguien que teme sentirse solo puede permanecer en una relación poco saludable solo para evitar la angustia de la separación. Otro ejemplo es el de quien evita nuevos desafíos laborales por miedo al fracaso, limitando así su crecimiento profesional. El psicólogo Carl Jung decía:


“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”


Esto significa que cuanto más tratamos de evitar ciertos sentimientos, más poder les otorgamos sobre nuestra vida. Al reprimir las emociones negativas, no solo no desaparecen, sino que se convierten en barreras que nos impiden actuar con autenticidad y libertad.


La libertad no es la ausencia de malestar, sino la capacidad de enfrentarlo

La verdadera libertad emocional no se encuentra en evitar lo que nos incomoda, sino en desarrollar la capacidad de enfrentarlo. Esto implica aprender a tolerar tanto las emociones placenteras como las desagradables sin que estas dicten nuestras decisiones.


Un estudio publicado en The Journal of Positive Psychology encontró que las personas que aceptan sus emociones negativas, en lugar de reprimirlas o evitarlas, experimentan menos estrés y mayor bienestar a largo plazo. Esto se debe a que la aceptación permite que las emociones fluyan y se procesen de manera saludable, en lugar de volverse obstáculos en nuestra vida.


Cuando nuestras decisiones no están condicionadas por evitar emociones, podemos enfocarnos en lo que realmente valoramos. En lugar de evitar el miedo al fracaso, podemos elegir desafíos que nos ayuden a crecer. En lugar de quedarnos en una relación dañina por temor a la soledad, podemos optar por relaciones que nos nutran emocionalmente. En otras palabras, cuando dejamos de huir de nuestras emociones, nuestras elecciones comienzan a alinearse con nuestros valores y aspiraciones genuinas.


Cómo aprender a tolerar y abrazar las emociones

1) Identifica tus emociones sin juzgarlas: La meditación y la atención plena (mindfulness) pueden ayudarte a observar lo que sientes sin reaccionar impulsivamente. Reconocer una emoción sin intentar reprimirla o cambiarla es el primer paso para desactivar su influencia sobre ti.


2) Cuestiona la historia que te estás contando: Muchas veces, el miedo o la ansiedad provienen de interpretaciones catastróficas de la realidad. Pregúntate: ¿Esta emoción refleja realmente la situación o es una exageración de mi mente?


3) Enfócate en tus valores, no en tus miedos: En lugar de preguntarte ¿Cómo evito sentirme mal?, cambia la pregunta a ¿Qué es lo que realmente quiero en mi vida?. Si te enfocas en lo que valoras, tus decisiones estarán guiadas por un propósito, no por el miedo.


4) Practica la exposición gradual al malestar: Si una emoción te genera pánico, puedes exponerte a ella en pequeñas dosis hasta que tu tolerancia aumente. Por ejemplo, si temes hablar en público, comienza con audiencias pequeñas antes de enfrentar una multitud.


5) Rodéate de apoyo emocional: Tener personas con quienes compartir tus emociones sin sentirte juzgado puede hacer que el proceso sea más llevadero. Un buen terapeuta, amigos comprensivos o grupos de apoyo pueden ser de gran ayuda.


6) Desarrolla la resiliencia emocional: La resiliencia es la capacidad de sobreponerse a situaciones difíciles sin quedar atrapado en la desesperanza. Se puede fortalecer a través de la auto-reflexión, el aprendizaje de estrategias de afrontamiento y el mantenimiento de una perspectiva optimista.


7) Acepta que la incomodidad es parte de la vida: No existe una vida sin sufrimiento. Incluso las experiencias más gratificantes pueden traer consigo momentos difíciles. Aceptar que las emociones negativas son inevitables nos ayuda a verlas como transitorias y manejables.


8) Aprende a gestionar el miedo: El miedo es una emoción natural, pero cuando se convierte en el motor de nuestras decisiones, nos esclaviza. Enfrentar gradualmente lo que tememos nos ayuda a ganar confianza y a ampliar nuestro margen de acción.


9) No busques la perfección emocional: La sociedad actual promueve la idea de la felicidad constante, pero esta es una expectativa poco realista. La vida es un balance de emociones, y aprender a lidiar con todas ellas nos permite desarrollarnos plenamente.


Recuperando el control de tu vida

Cuando tomamos decisiones basadas en la evitación del malestar, estamos cediendo nuestra libertad a nuestras emociones. En cambio, si aprendemos a aceptar el malestar como una parte natural de la vida, recuperamos la capacidad de elegir desde un lugar más auténtico y alineado con nuestros valores. Como decía Viktor Frankl, psiquiatra y sobreviviente del Holocausto:


“Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad”


Si aprendemos a habitar ese espacio, en lugar de reaccionar impulsivamente ante el malestar, podremos tomar decisiones más sabias, auténticas y, sobre todo, libres. El miedo y la incomodidad son experiencias inevitables en la vida, pero no deben ser los dictadores de nuestras decisiones. Aprender a tolerar y aceptar los sentimientos negativos nos permite actuar con libertad y autenticidad. En lugar de evitar el malestar, debemos verlo como una señal que nos invita a conocernos mejor y a fortalecer nuestra resiliencia. La libertad real no está en la ausencia de sufrimiento, sino en la capacidad de enfrentarlo con valentía y claridad.


Si logramos esto, nuestras elecciones estarán impulsadas por nuestros valores más profundos en lugar de por el miedo, y podremos vivir una vida más plena y satisfactoria.

¿Te ha resultado útil este artículo? ¡Compártelo con otros!

Ana Aguilera

Psicoterapeuta clínica, estratégica y Counselor

Psicóloga egresada de la Universidad Iberoamericana. Maestría en Psicología Clínica y Orientadora Psicológica en la Universidad Iberoamericana. Especialista en la prevención de la Conducta Adictiva por la Universidad Veracruzana.